San Salvador: historias de trabajo, desigualdad y resistencia en el corazón del país

En el corazón del país, la capital vibra con el pulso de miles de mujeres que cada día sostienen la vida urbana, enfrentan desigualdades y defienden sus derechos. San Salvador es territorio de contrastes: oportunidades, precariedad y resistencia conviven a pocos pasos.
San Salvador

San Salvador, capital de El Salvador, se levanta como el principal centro político, económico y social del país. En sus 72.25 km² confluyen las dinámicas que marcan el rumbo del país: instituciones, empresas, mercados, comunidades históricas y espacios donde se tejen las historias de quienes lo habitan.

Conecta con Nejapa, Mejicanos, Cuscatancingo y Ciudad Delgado al norte; Soyapango y San Marcos al este; Panchimalco y San Marcos al sur; y Antiguo Cuscatlán y Santa Tecla al oeste. Su vida urbana nunca se detiene y son, en gran medida, las mujeres quienes la sostienen.

Una ciudad diversa, desigual y profundamente femenina

San Salvador es un mosaico de realidades. De acuerdo con la DIGESTYC (2023):

  • La capital es un territorio marcadamente urbano y con servicios concentrados.
  • Aumenta la jefatura femenina en los hogares, mujeres que sostienen económica y emocionalmente a sus familias.
  • Persisten brechas entre zonas de alta plusvalía y comunidades urbano-populares, donde la inseguridad y la falta de oportunidades golpean con mayor fuerza.

Entre buses, ventas callejeras, oficinas, mercados y barrios, hay un hilo común: la ciudad se mueve gracias al trabajo visible e invisible de las mujeres.

San Salvador es metrópolis y barrio, modernidad y rebusque. Es una ciudad donde las
mujeres trabajan, crían, caminan con temor y aun así siguen adelante.

Cada madrugada, mientras la ciudad despereza sus luces, miles de mujeres ya están en movimiento. Algunas caminan hacia oficinas, otras viajan largas distancias hacia zonas industriales, y otras instalan sus ventas para iniciar la jornada. Todas tienen algo en común: trabajan para sostener la vida.

Las mujeres se encuentran en primera línea en sectores como el de comercio y servicios, atención al público, labores administrativas e industria liviana, pero su aporte contrasta con una realidad insistente: bajos salarios, empleo inestable, dobles jornadas y poco reconocimiento social.

La maquila sigue siendo uno de los principales empleadores de mujeres. CAMTEX (2024, preliminar) destaca que, más de 80,700 personas trabajan en el sector textil y de confección en el país, de las cuales, aproximadamente 7 de cada 10 son mujeres.

Detrás de cada prenda que se exporta, hay historias de esfuerzo acumulado en manos femeninas. Sin embargo, este sector continúa señalado por vulneraciones a derechos laborales, entre las más comunes:

  • Metas de producción que humanamente inalcanzables
  • Acoso y hostigamiento laboral
  • Restricciones a la maternidad y la lactancia
  • Pocas garantías para la organización sindical

Para muchas, la maquila representa oportunidad; para todas, un lugar donde su fuerza es indispensable, pero sus derechos no siempre están garantizados.

En calles, plazas y mercados, miles de mujeres construyen su propio sustento. La DIGESTYC (2023) señala que casi el 60% de las mujeres económicamente activas en el país, trabaja en la informalidad, una realidad que late con fuerza en la capital.

Allí encuentran la posibilidad de generar ingresos, pero asumen a cambio:

  • Falta de seguridad social
  • Ingresos irregulares
  • Exposición a violencias y riesgos urbanos
  • Carga de cuidados que se multiplica al llegar a casa

La informalidad es, para muchas, el escenario donde se entrelazan supervivencia, creatividad, autonomía y agotamiento.

Bajo la imagen moderna y urbana de la capital, persiste una realidad difícil de ignorar: San Salvador es uno de los territorios con mayores índices de violencia contra mujeres, niñas y adolescentes. El contraste de datos de ISDEMU, FGR y PGR (2023–2024) posiciona al departamento con el número más alto de casos registrados a nivel nacional, aunado a ello, confirman que los hechos de violencia más denunciados son los relativos a:

  • Violencia feminicida
  • Violencia sexual
  • Violencia intrafamiliar
  • Desapariciones

Detrás de cada estadística hay una historia, un duelo, una vida marcada por desigualdades estructurales que aún impiden a las mujeres vivir con libertad y dignidad.


La violencia no es un hecho aislado: es un síntoma de un sistema que aún debe transformarse.

San Salvador reúne instituciones, organizaciones de mujeres, colectivos sociales y mecanismos de denuncia. Es un territorio donde la articulación puede transformar realidades.

Desde Mujeres Transformando creemos firmemente en acompañar y promover cambios significativos en la vida de las mujeres. Por ello, impulsamos espacios de articulación que permitan:

  • Visibilizar las condiciones laborales y de vida de las mujeres trabajadoras, aportando evidencia y reflexión para la defensa de sus derechos.
  • Fortalecer redes y procesos organizativos entre trabajadoras de maquila, del sector informal y del ámbito urbano, favoreciendo la construcción colectiva de estrategias de apoyo y transformación social.
  • Promover el acceso a la justicia y a rutas de atención integrales, garantizando que las mujeres cuenten con información, acompañamiento y mecanismos efectivos para la denuncia, protección y reparación de sus derechos frente a situaciones de violencia, abuso o vulneración laboral.
  • Impulsar acciones de exigibilidad y defensa de los derechos laborales, económicos y sociales de las mujeres, mediante procesos de formación, acompañamiento y articulación con diversos actores, con el fin de fortalecer su autonomía, mejorar sus condiciones de vida y avanzar hacia la igualdad sustantiva.

Acompañar a las mujeres que habitan y transitan esta ciudad permite construir caminos de resistencia, solidaridad y cambio.

En San Salvador, las mujeres no solo sostienen la ciudad: la transforman, la cuestionan y la sueñan más justa.

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